Capítulo 8. Un Día Más
Norah lo empujó cuando los dedos de Albert ya se movían dentro de ella, preparándola para él.
―¡Detente… ah!
La hacía gemir, pero el pequeño fuego de llamas azules en su mano no se agotaba; se volvía más grande, más fuerte con cada grito.
—¡No!— gritó cuando sintió el fuego expandirse a su brazo. No quería lastimar a nadie. Entonces lo empujó con el pie.
Albert la miró sorprendido. Ella estaba desnuda y asustada, con sudor en su frente y marcas en su cuerpo, sobre sus pechos y cuello.
—Yo