La última novela

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Jos Hernández  En proceso
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Un grupo de adolescentes latinoamericanos que se meten en problemas. Una historia de amor, suicidio, muerte, locura y romance. Una novela apta para todo público.

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Los adioses 1
 No me gusta cómo esos malditos chilenos hijos de puta se le quedan viendo a Irlanda. Para ser sincero, me da muy mala espina. La miran como lobos, babeantes. Casi me la incendian a la pobre con sus miradas de fuego. Saben que no somos de aquí. Leen nuestras miradas sorprendidas de no haber visto nunca estas calles, estos paisajes. Huelen nuestro aroma a mexicanos. Porque sí: Irlanda y yo apestamos a mexicanos. Más yo, porque mi papá y mi mamá son mexicanos y todos mis ancestros son mexicanos. Irlanda tal vez apeste un poco menos, porque su abuelo llegó a América hace muchos años. Primero estuvo en Argentina, luego en Brasil y luego se le ocurrió ir a México a reproducirse... Por ahora, esos malditos chilenos sólo nos olfatean y nos observan, con esa mirada clavada de  perros idiotas, perros de las calles de Chile, perros hostiles que aún
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Los adioses 2
Preguntando por las casas que estaban en renta un amable señor me llevó con una conocida suya. La mujer, al parecer, tenía tierras en aquella zona y varios inmuebles de alquiler; los había recibido como parte de una herencia que le dejó su padre. Se llama Pamela y cuando nos recibió en el patio de su casa se portó de forma cordial. Nos dio la bienvenida a su país, nos ofreció agua y luego nos llevó a conocer la casa en cuestión, que no estaba muy lejos de la suya. Me hizo firmar unos papeles que ella también firmó luego de contar con atención los billetes. Con eso tenemos, dijo, y añadió que cualquier duda o percance lo aclarara con ella. No tenía cobradores, ella misma visitaba puntual a sus arrendatarios los días 3 de cada mes; cualquier persona que quisiera cobrarme en su nombre era, con total seguridad, un esta
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El sueño
 «El sueño es recurrente. Llega siempre en las altas horas de la noche, en medio del silencio, cuando nadie en su sano juicio quiere despertarse. El silencio entonces me parece insoportable y enciendo la televisión para que me arrulle. El sueño del que les hablo pertenece a esa clase de sueños horrorosos, aunque no podría llamarlo pesadilla; es más bien un sueño turbulento... Despierto sudando, empapado, y me late fuerte el corazón, como si acabara de correr un maratón. Comienza así:           «Un bar en penumbras, como todos los bares mexicanos, como todas las tabernas del mundo en la madrugada. Algunas luces tenues caen en los lugares más variados del salón, a veces en el suelo, a veces en el vidrio oscu
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La noche mala
SantaclósMi cena de Navidad fue atún, galletas y los restos cadavéricos de la sopa que no me terminé el día anterior. Me preparaba para salir. Afuera la fiesta se celebraba en todo el mundo, menos en mi habitación: pirotecnia, series de luces brillantes multicolores en los techos de las casas, gritos de júbilo, más pirotecnia, a veces disparos, y copas de vidrio desbordantes de vino estrellándose entre sí. El vapor que despide un pavo saliendo del horno.A esas horas todos están suficiente ebrios como para no reconocerme y me pueda adjudicar roles falsos como “sobrino de tal”, “compadre de aquel”, “amigo del señor o la señora” cuando me cuele en sus reuniones y lleve a cabo mi deporte favorito, mi adicción insatisfecha, mi filia más encarnada: saquear las navidades. Esto es lo que en el mundo de las leyes se cono
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La película
La película puede que fuera danesa, aunque la verdad no estoy seguro. Tengo pésimo oído para los acentos y tengo pésimas habilidades de ubicación. Siempre ha sido así, me pierdo fácilmente. Ya me acostumbré, no es problema.  Digamos, entonces, que la película era europea. Era europea porque los personajes, en su totalidad, eran rubios y de piel muy blanca, casi rojiza. No recuerdo el título. La vi en el Canal Once, una madrugada en la que no hay nada mejor que ver cine subtitulado. Tenía unos trece años de edad y me bebía una cocacola. Mi familia estaba en una fiesta a la que no quise ir, porque en ese entonces no me gustaba el ruido excesivo. Tenía la casa sola y las casas sin nadie y en la madrugada se vuelven mucho más grandes. Es un efecto curioso pero es cierto. A esa edad ─al menos fue mi caso─ se vive sin conciencia. Prendes el televisor y te r&ia
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Sueño 2
Soñé que el amor de mi vida trabajaba en la planta más alta de una plaza comercial. Sólo que esta era una plaza desproporcionada, desmesurada, realmente enorme, como una suerte de monumento obsceno al capitalismo. Digamos que era una plaza comercial del tamaño de una ciudad entera, con un techo altísimo y ventanales que dejaban pasar algo de luz. Había escaleras por todos lados (que te conducían a un piso superior o a uno inferior) y plataformas movedizas que te ayudaban a desplazarte grandes distancias dentro de un mismo piso, sin tener que caminar y agotarte.Como dije, el amor de mi vida trabajaba en la parte más alta, en el último de los pisos, por encima de todas las tiendas y todas esas escaleras sin fin. De esto me enteré en una tienda de ropa, a la que entré preguntando por ella: el amor de mi vida se dedica a maquillar novias ─me informaron─ y al parecer siempre está ocupada y
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El mercenario (poesía)
EL MERCENARIO1Tengo que escribir un poemapara una chica llamada ValeriaYo a la chica no la conozcopero si el poema queda bienme van a dar 200 pesos A mi entendersoy el poeta contemporáneo mejor pagadoy también el que peor escribeTal vez soy el poeta mejor pagado de la historiaEn el prólogo a su Antología Poéticase dice que Machado era un hombre “sencillo, modesto”es decir, pobre: “nunca tuvo dinero”pero es el poeta más grande de España Y yo con los poemas que he escritoya me compré una Play Station 4pero nunca podré escribir como Machadoni me recordará mi patriaSupongo que es una cosa por la otra 200 pesos si el poema queda biensi le saca una so
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El cuarto oscuro
MM se despierta con ganas de escribir una historia. No importa si es de unas cuantas páginas o si puede demorarse más allá de los tres tomos. La extensión son cuestiones que para M tienen la menor importancia. Lo verdaderamente interesante, es que su olfato reclama el aroma de una hoja limpia y sus dedos piden el cuerpo cilíndrico del bolígrafo. M imagina también los caudales de tinta serpenteando, ensuciando con sus aguas negras el terreno impecable de la página vacía. No sabe, no lo tiene del todo claro, qué historia va a contar. Le sería sencillo narrar algún suceso de la infancia; le seduce también la idea de retratar una alucinación, como quien cuenta un sueño: una sórdida historia de dos amigos y una máquina del tiempo haciendo de las suyas en pasados siglos. O desarro
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