Mundo ficciónIniciar sesiónEn mundos llenos de criaturas poderosas. La Reina de Reyes debe dar paz y equilibro, protegerlos a todos de su propia extinción, pero el poder no siempre cae en las manos correctas.
Leer másLas alas le dolían, no estaban acostumbradas a la inactividad. Había pasado más días de los que pretendían en aquel lugar. Miro un cuadro barato de algún paisaje natural de la Tierra, tenía un riachuelo y árboles frondosos, y eso le causo tanta repulsión como estar bajo tierra. Nada como los vientos de Ventus para masajear sus alas, él quería volar, estaba hecho para eso. En su miseria no noto que el fin de su estadía se acercaba, hasta que el hechicero tomo asiento frente a él. —¡Al fin llegas! Un día aquí y siento que me ahogo ¿Cómo lo soportas? —aventuro el hada. —Te recomendaría una lectura nutritiva, pero no pereces del tipo que le guste leer. —Tocaba la flauta cuando era niño —vocifero Demothi sonriendo y con ese gesto desplazo los pensamientos sobre Dakota que comenzaban a formarse. Delante de él Demothi no podía darse el lujo de pensar en ella. —Debiste de haber sido encantador —La voz del hechicero también era encantadora.
Con los días todo termino cayendo en su lugar menos Peter. Él busco al Criador y solo encontró una carta de Miguel Ángel en la que detallaba el plan de plantar el capullo en el Castillo y de iniciar las revueltas en Vitrum. Compararon letras, y quien había escrito la carta a Nehemías había sido Miguel Ángel.Cada nuevo descubrimiento inquietaba más a Celeste.«Los Iluminados están infectados»Eran palabras de Miguel Ángel, pero Celeste las tenía tatuadas entre los parpados, y cada cosa nueva que aparecía apuntaba que Miguel Ángel no trabajaba solo. Había escrito la carta pero alguien le dio los sellos, había contactado al Criador pero alguien había pagado.Miguel Ángel había logrado su cometido, había dejado marca. Celeste trataba de no pensar en él, pero una vez más tenía que recordar
Solo veía oscuridad. No sabía sí estaba de pie o acostada, o sí respiraba, solo sabía que no podía moverse.Escucho una voz, la reconoció, pero no la conocía. Volvió a escucharla, era como si la nada tuviese voz. Sintió que le preguntaba algo, algo importante y que debía de responder.Volvía a sentir frío, luego calor y luego nada. Escucho su propia voz pero no la reconoció. De pronto la oscuridad se desplego, su mente volvió a su cuerpo y abrió los ojos.La habitación blanca y estéril le resulto familiar y eso le tranquilizo; sabía dónde estaba. Se levantó y las delgadas sábanas se deslizaron por su piel desnuda. Se miró y casi soltó una exclamación de asombro.Piel lisa y tersa, sin marcas, el cuerpo tampoco le dolía. Sonrió, tal vez todo había pasado en su men
La cabeza le latía como un segundo corazón y solo podía abrir los ojos por periodos cortos de tiempo. Sus ojos bajaron a sus manos. La sangre había cubierto de negro la dorada pulsera de la Reina de Reyes. La mano derecha le ardía, estaba segura de que le dolía menos si se la hubiera amputado.Los trapos que la cubrían estaban rígidos, el agua salina se había secado al igual que la sangre negra.«No te torturare, pero pienso dejar marca»Celeste tenía miedo de saber que había bajo las vendas, pero algo en el fondo le decía que se lo merecía.«Una Elegida es una Elegida»Celeste los escucho antes de verlos, había pasado tanto tiempo con ellos que lo supo en un instante y retuvo el impulso de llorar.«Necesito ser fuerte»Los gritos se prolongaron y fue como música para sus oídos.No
Último capítulo