La última enseñanza

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Jaime Garza Autor  Completo
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Resumen
Índice

profesor Santana es reportado como desaparecido. Los últimos supieron de él, fueron sus alumnos de extra-curricular. Las autoridades están dispuestas a interrogarlos, mas ellos se anticipan a la investigación. Aseguran conocer el paradero del profesor. Doce alumnos, un maestro. Doce historias entrelazadas te harán reflexionar sobre la vida, la muerte y todo lo nos encontramos en camino.

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16 chapters
CRISTINA
El tiempo irrumpe mi sueño; el físico y el verdadero. No me doy cuenta y estoy en el carro, después en el instituto. Creo que es necesario hacer una pausa y hablarles un poco acerca de lo que soy… de lo que han hecho de mí.¿Mi vida es más inútil de lo que parece? Según mi madre, sí. ¿No es jodido que la persona que debiera alimentar tu seguridad tenga como pasatiempo favorito arruinarla? Probablemente, pero en casa me están convenciendo de que todo es un juego.Tampoco es como que tenga la peor familia del mundo, ni que mis días estén llenos de dolor y sufrimiento. Hay momentos, incluso, en los que agradezco formar parte de ellos.Leer más
DARÍO
Son las cinco de la mañana, cuando me detiene la policía. Cualquier otro chico de mi edad estaría de nervios, pero yo soy más del corte liviano. Veo las cosas por el lado positivo. Por ejemplo, tengo diecisiete años, aún soy juzgado como niño. ¿Que he sido arrestado en más de una ocasión? ¿Qué importa? Siempre ha sido por pleitos de barrio. La ley parece entender la relevancia moral que estos tienen, por eso los castiga de forma ligera. Quiero ser abogado. —¡Darío Serrano!Me llama la mujer de anchas caderas y voz apagada. Yo me acerco a la reja sin ofrecer respuesta. Sé que encontraré a mamá obsequiándole una sonrisa al polic&
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VICTORIA
Si las paredes hablaran, dirían tantas cosas sobre mí. Contarían a propios y extraños mis problemas alimenticios, miles sabrían de mis fetiches sexuales que alguna relación deben de tener con el divorcio de mis padres. Mis juegos acabarían en la basura, sería una mentirosa más. Afortunadamente no hablan, de lo contrario, sabrían que acabo de liarme con otro tipo casado.Mi nombre es Victoria. Nací hace dieciséis años, en Argentina, pero llevo quince gastándomela en esta ciudad de confusas pretensiones. Tuve una infancia aburrida, o al menos eso creía. Mis padres abandonaron la celeste y blanca pensando que acá se vivía mejor. Pobres ilusos. Pobre mamá. Papá halló consuelo en moteles baratos, acariciando a mujeres caras. Mamá se resignó. —&iqu
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MAURICIO
—¡Estás loca!—¿Se te ocurre un mejor plan?La frialdad de esta mujer me congela las venas. Pretende tener al niño y luego dejarlo en uno de esos centros de adopción de baja reputación. Donde no te piden papeles porque no están interesados en hallarles hogar, sino cuerpos dónde depositar sus órganos a cambio de una gran cantidad de dinero.—Aunque…—¿Qué?—Quizás haya otra posibilidad.—¿Cuál?—¿Recuerdas a Fátima?—¿La de Darío?—Ella.—¿Qué con ella?—Está de nervios porque siente que pierde a Darío. Quiere un plan para amarrarlo. Ha intentado embarazarse, pero…<
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MARÍA
—Le diré la verdad a Darío.—¡No puedes hacer eso!—Claro que puedo. ¿Para qué lo quiero conmigo, si no le quita la mirada de encima a Faith?—Yo puedo encargarme de eso.—¿Perdón?—Puedo asegurarme de que Darío no te deje.—No se trata de eso, María.—Te seré franca. Me importa un carajo si te quedas o no con ese idiota, pero nuestro trato lo respetas.—No puedes obligarme.—¿Quieres que todos se enteren de la Gran Familia?—¿Cómo…?—¡Ah!—¿María?La llamada termina porque un dolor en el vientre me deja cara a cara contra el suelo. Me las arreglo para ir al médico sin que aba
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FÁTIMA
Cada que me toca defenderme, recurro a la barata excusa de siempre: la de papá y su abandono; mamá y su indiferencia. Cabe también mi obsesión por este chico del que me enamoré sin tener derecho a hacerlo. Por ser el novio de mi mejor amiga, por formar parte de ese círculo tan dañino: mundo del que no he podido salir, bien porque no puedo, pero también porque no quiero.Soy mayor que Faith y que Darío. A ella la conocí en uno de esos retiros a los que la mayoría vamos para hacer amistades, aunque en Faith siempre existió un compromiso real. A él… bueno. Lo conocí por ella, y antes de saberle el nombre le tatué mis labios en su entrepierna. Mentiría si les digo que entonces me sentí culpable.Supuse que era cosa de un rato, pero no. Para cuando acordamos, ya estábamos enamora
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EUSEBIO
—¿Tanto te están presionando?—Más de lo que imaginas.—Quizás sea una trampa. No puedes tomar esta decisión tan a la ligera.—Incluso si hablamos de una trampa, la compañía corre peligro. Tengo que ver por el colectivo, no se trata solo de mí.Nunca había visto a Santana tan preocupado. Lo que me parece extraño es el motivo. ¿Tanto poder tiene esa niña? O quizás no es una cliente…¿Y si se trata de un miembro? Imposible.Intento pensar en otras cosas. Enciendo un cigarrillo y le marcó a Victoria. No me contesta. Le llamo a Cristina… tampoco. ¿Fátima?Leer más
ERICK
—Quisiera diseñar un beso para estar a tu lado, poder en mí la perfección: esa es tu belleza.—¿Cómo le haces?—¿Para qué?—Para escribir así. Yo tengo que tomarme treinta cafés para medio concentrarme, a ti las palabras te fluyen de forma natural.‘’No siempre ha sido así’’, quiero decirle. ‘’Todo se lo debo a él’’, agregar. Pero no puedo. No me atrevo. Sería negligente de mi parte quemar así a Santana.—No es cosa de otro mundo. Simplemente presto atención a todos los detalles.—¿Cada persona tiene una novela por vender?Volvemos a Santana. Eso lo dice siempre que nos atoramos en algún punto, y aunque todos se burlan, tiene razón. 
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VERÓNICA
—¿Por qué sigues con ella?—Lo merezco.—No, no es así, Darío. Nadie merece estar al lado de una mentirosa. —¿Y tú cómo sabes lo que merezco? Ni siquiera me conoces, Verónica.—No necesito conocerte para darme cuenta. Solo mírate, se te cambia el semblante cada que hablamos de ella.—¿Tú qué sabes de esto? Anda y piérdete con Victoria, fenómeno.Quise golpearlo, mas me contuve. Soy de esas personas que gusta calzar zapato ajeno antes de juzgar.Darío la está pasando mal; necesita desahogarse. ¿Quién soy yo para negarle la oportunidad? ¿Quién es él para desquitarse conmigo?Leer más
VICTOR
El cielo que se nubla de repente, los autos que siguen su paso como ignorando que a las afueras del instituto yace sin vida el cuerpo de una niña. Algunos asegurarán no haber dado con ella, otros se defenderán diciendo que en la oficina hacen más falta que en el auxilio de alguien muerta. Sería distinto si la persona fuera su hija o su sobrina, pero Victoria no es familiar de estos sujetos. Por eso nadie se acerca ni le revisan el pulso, tampoco piden a gritos una ambulancia. Todos siguen su marcha con la naturalidad de una ciudad repleta de gente y carente de personas.             
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