Mundo de ficçãoIniciar sessãoAmy Wilson, una chica que tiene una vida parecida a cenicienta, pero sin su príncipe azul. Tiene que soportar a su tía y sus insoportables primas mellizas quienes se burlan de ella por ser . En una noche cansada de las burlas decide que dará su virginidad al primer chico que encuentre, pero deberá ser cautelosa porque nadie debe conocerla. Adam Collins, cree que el amor no existe para él, pero una noche todo cambiará, en una habitación a oscuras, bajo la luz de luna encontrará a una chica que le hace creer nuevamente en el amor, el único problema es que no le vio el rostro y no la conoce, por lo que decidirá ir en busca de ella. Ahora Adam quiere encontrarla y Amy no quiere ser hallada.
Ler mais— Acaso te has visto en el espejo, no solo eres fea, eres huérfana. Nadie en este mundo te quiere.
— ¡Eso es mentira! — respondí — ¡Alguien vendrá a mi vida y me querrá tal y como soy!
— Eso no te lo crees ni tú misma, ¡No te das cuenta de que ni Dios te quiere!, eres tan poca cosa que hasta a tus padres te arrebató.
Las palabras de Hanna llegaron a lo más profundo de mi corazón y se repetían en mi mente. Tan despreciable me consideraban para decirme cosas tan hirientes, pero dolían más cuando son de tu propia familia.
Respiré profundo, ya que presiento que el cualquier momento perdería la calma y le lanzaría un puñetazo en su cara.
— Te aseguro que terminarás sola, vieja, virgen y dueña de una docena de gatos. — Se burla Lanna, mi otra prima.
Así que, contra todo pronóstico, me relajé y mencioné la cosa más estúpida que he dicho.
— Eso está por verse, te puedo asegurar que antes que termine el año escolar dejaré de ser virgen.
Mis primas se reían a carcajadas y salieron de mi habitación. Y aunque me parecía una estupidez al principio, tomé la decisión de cumplirlo. ¡Amy Wilson dejará de ser virgen este año y no importa con quien!.
— No puedo creer que el día más importante de tu vida, llegues tarde— Lucía me regañaba, ya que había llegado era tarde parala ceremonia.— Tú tienes la culpa, por hacer una fiestael día de ayer. Estoy de cruda, pero mis nervios son tanto que se ha esfumado de mi cuerpo.— Déjate de ver tanto en el espejo, vas a romperlo.— ReclamóLucia— Lucia, este día no es cualquiera. Es uno de los más especiales de mi vida, el cual nunca se volverá a repetir.—¿Estas segura que no se volverá a repetir?— Estoy segura Lucia... Matt nos espera,
Amy cuatro meses después... — ¡Se estámoviendo! ¡Lucía el bebé se está moviendo!— Decía emocionada. Tenía mi mano sobre el vientre de Lucia. Tenía cinco meses de embarazo y ya se podían sentir sus movimientos, lo cual erizaba mi piel. Esto era verdaderamente un milagro de la naturaleza humana. Como de algo tan insignificante, podía formarse un ser humano. Aún recuerdo cuando Lucia llegó hasta su padre y contarle la verdad. Yo la acompañe en ese momento. Alec quería asistir, pero Lucía lo impidió. Aún recordaba quedurante todo el camino, ella estaba realmente nerviosa. No sabía cuál sería la reacción de su padre. Al final su reacción fue todo lo contrario a lo que Lucia pensaba. El Señor Fox, casi mandaba a comprar una casa solo para el
Amy— Eres una mujer tan valiente. Has pasado por tanto, pero eres una guerrera, nunca nos has decepcionado— Mi madre acariciaba mi rostro, mientras veíamos hacia el mar. La brisa en nuestros rostros nos daban paz. Mi padre estaba a mi lado derecho, mientras que ella en el lado izquierdo.— Me encanta estar aquí y no quisiera irme.— pronuncié— A nosotros también nos encantaría— Dijo mi padre— Pero debes regresar, te esperan tus amigos; Lucia, Thiago, Alec y hasta Adam. No puedes abandonarlos.Mi padre tenía razón, aunque quisiera estar en este lugar con ello no podía abandonar a mis amigos.
AdamLlegamos a una especie de bodegas abandonadas. Iba caminando cautelosamente, mientras seguía a Raquel.Entramos por una puerta, la cual hizo un rechinido al momento de entrar. Seguimos caminando otro poco, hasta llegar a otra puerta. Observé por una ventana pequeña y logré ver a Carlota con un arma en la mano. Hablaba por teléfono. Giré la perilla y para sorpresa estaba abierta.— ¿Qué haces?— Susurró Raquel, tomándome del brazo— ¡Ella tiene un arma!— ¡No me importa!— Dije, soltandome de su agarre— ¡Si quieres, quédate aquí! ¡Pero yo no voy a detenerme en este momento!— En





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