La respuesta estaba en una caja que llevaba años sin abrir.No lo supimos hasta dos días después.Kael había revisado habitaciones, almacenes y listas de personas que podían haber entrado en el cuarto del guerrero.Nada.Demasiada gente.Demasiadas posibilidades.Nick estaba empezando a irritarse.Se le notaba en la forma en que caminaba.En cómo apretaba la mandíbula cuando alguien respondía:—No recuerdo.Yo intentaba mantenerme lejos de todo.No funcionaba.La carta llevaba mi nombre.Mi reputación.Mi problema.Aunque Nick insistiera en que no tenía que resolverlo sola.Aquella mañana estaba en lavandería cuando Mara apareció con una caja de madera.—Esto estaba en el almacén viejo.La dejó sobre la mesa.Había polvo en la tapa.—¿Qué es?—Cosas tuyas.Me quedé inmóvil.—¿Mías?—De cuando eras pequeña.No sabía que existía algo así.Mara abrió.Dentro había pedazos de tela, un peine roto, una pequeña cuchara de madera y varios papeles doblados.Los reconocí.Mi estómago se contraj
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