El corte no era profundo.Eso fue lo primero que dije.También fue lo primero que Nick ignoró.—Siéntate.Miré la pequeña silla junto a la mesa.—De verdad, no hace falta.—Serafine.—Solo me he enganchado con un clavo.Él señaló la silla.—Siéntate.Lo hice porque discutir con él empezaba a resultar agotador.Y porque una parte de mí quería saber qué iba a hacer.El corte estaba justo por debajo de la clavícula, donde la tela del vestido se había rasgado al engancharme con una tabla rota del almacén. Apenas sangraba ya, pero había manchado el borde de la ropa.Nick dejó un cuenco de agua sobre la mesa.—¿Quién te mandó allí?—Mara.—¿Y había alguien contigo?Lo miré.—¿Vas a investigar también al clavo?Su boca se movió.—No descartaría nada últimamente.No pude evitar sonreír.—Fue un clavo.—Bien.Mojó un paño.—Entonces por una vez tenemos un culpable fácil.Se acercó.Yo bajé la mirada hacia sus manos.—Puedo hacerlo sola.—Lo sé.—Entonces...—Quiero hacerlo yo.La respuesta fue
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