La pluma pesaba demasiado.
No de verdad.
En mi mano.
Todo el salón observaba.
Mojé la punta en tinta.
Una gota cayó sobre el papel.
Sentí calor en la cara.
—Despacio —dijo Nick.
El Alfa cruzó los brazos.
—Esto es absurdo.
Nick no lo miró.
—Escribe tu nombre.
Lo hice.
S.
Paré.
E.
La segunda letra quedó demasiado grande.
Intenté corregirla.
Empeoró.
Continué.
SERAFINE.
Cuando terminé, mi nombre ocupaba casi media línea.
Las letras eran torpes.
Irregulares.
La última se inclinaba hacia un lado.
Un