Mateo mantuvo a Isabella rodeada con el brazo, cuidando que no se fuera a resbalar del asiento.Al mismo tiempo, siguió con la vista la dirección en la que apuntaba el dedo de su hija.La luz estaba tenue, pero aun así reconoció de inmediato a Camila, y junto a ella, a Santiago, el mismo hombre que había visto esa tarde.Estaban sentados justo en los asientos VIP, los que él solía ocupar cuando llevaba a Isabella a ver tocar a Valentina.Entonces, ¿había sido Santiago quien compró esos lugares?En ese instante, en medio de una ola de aplausos, Santiago se acercó al oído de Camila para decirle algo, y ella le respondió con una sonrisa suave.No estaban tan lejos, así que Mateo pudo ver la escena con toda claridad.Con él, Camila casi nunca sonreía así. Casi siempre era una sonrisa forzada, de esas que se ponen por educación.Era la primera vez que Mateo la veía sonreírle a alguien de esa manera, tan genuina.Sintió, sin poder explicarlo bien, que entre ella y Santiago había algo más de
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