Liana escuchó los golpes en su puerta cuando ya había decidido que no iba a abrir, fueron tres golpes, precisos, que ella reconoció antes de que su mente los procesara.Su loba los reconoció primero, derritiéndose en su mente.Liana se quedó quieta en el borde de la cama, con las manos en las rodillas, mirando la puerta como si pudiera ver a través de la madera.— Liana. — La llamaron, una sola palabra.Su nombre en la voz de Roth, baja, casi como un susurro, sin la autoridad de siempre, solo su nombre y el pecho de Liana saltó.Eso, más que cualquier otra cosa que él pudiera haber dicho, fue lo que la hizo levantarse.Liana abrió la puerta, Roth estaba ahí con la ropa del día todavía puesta, el cabello ligeramente despeinado, y en sus ojos algo que Liana no le había visto nunca.No era rabia, no era el frío de siempre, era algo más parecido a confusión.— No debería estar aquí. — Inició Roth, apenas ella abrió la puerta y sonó más como si se lo estuviera diciéndose a sí mismo que
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