Liana entró en su habitación y cerró la puerta, se quedó de pie en la oscuridad un momento, con la espalda contra la madera, escuchando el silencio del corredor del otro lado.Nadie la siguió, por supuesto que nadie la siguió, Roth no haría algo como eso, no cuando ya no le quedaban más excusas.Ella se apartó de la puerta y caminó hacia el centro del cuarto sin encender nada, sin necesitar ver nada y dejó que la oscuridad hiciera lo que el día no podía.Consolarla.Liana se sentó en el suelo, no en la cama, ni en la silla, sino en el suelo frío de piedra, con las rodillas contra el pecho y la espalda contra la cama, en el rincón más oscuro del cuarto y dejó que el dolor llegara despacio.No lloraba, no todavía, solo sentía.Porque lo que más dolía no era Roth, era ella misma.Había sabido desde el principio, lo sabía con esa parte interior, ese instinto de ella que no se equivocaba nunca, que esto era exactamente lo que iba a pasar. Lo había sabido en el río cuando habló con
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