El segundo día de viaje había transcurrido sin incidentes, Kael seguía con el grupo, integrándose con esa naturalidad suya que no pedía permiso, hablando poco, pero diciendo cosas que tenían peso cuando las decía, y Roth seguía simulando ignorarlo, aunque para el ojo sabio, eso se notaba. Leo lo había notado, Lyra también, pero ninguno de los dos dijo nada, porque a veces no hace falta decirlo para saberlo juntos.Las camionetas seguían su camino, ya era más de medio día, pasaban por el tramo más estrecho del camino, donde los árboles se cerraban tanto que las ramas rozaban las camionetas por los costados y el suelo era irregular, lleno de raíces que el tiempo había ido levantando.Y de pronto, un lobo joven de la escolta, que conducía la segunda camioneta, perdió el control por un segundo al esquivar algo en el camino, y el vehículo giró bruscamente hacia el barranco lateral.Fue algo de un segundo, menos que eso, una fracción de segundo, pero en ese micro instante, algo dentro de L
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