Los ojos de la mujer volvieron a recorrer la mesa, rápidos, precisos, casi quirúrgicos.Pasaron por los inversores, por Theo, por los asistentes del fondo… cada rostro evaluado en fracciones de segundo, como si archivara información que podría ser útil más tarde.Hasta que encontraron a Dante.Y allí se detuvieron.La sonrisa cambió —aún confiada, aún provocadora, pero ahora con algo más. Algo… personal.—Dante —dijo ella, como si el nombre fuera un regalo—. Cuánto tiempo.Dante no se levantó ni extendió la mano. Solo inclinó ligeramente la cabeza, en un gesto neutro como para ser educado… y lo bastante distante para no invitar a la cercanía.—Demoledora —respondió, sin alterar el tono—. ¿Ya nos conocemos?La pregunta llegó limpia, sin rastro de reconocimiento, sin esfuerzo por fingir.Ella no pareció inmutarse. Si hubiera un lugar vacío a su lado, lo habría ocupado sin dudar. Pero no lo había.Porque, al lado de Dante… ya había alguien.Sus ojos se deslizaron hacia Lorena y, por un s
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