Lorena llegó al buffet unos minutos antes del mediodía.El lugar estaba en una nave reformada en el fondo de una calle transitada del centro. La fachada era sencilla, casi discreta, pero a través del cristal de la puerta se veía una cocina grande y movida.Se detuvo un instante en la acera.Respiró hondo.El olor dulce que se escapaba por las rendijas de la puerta llegó a ella antes incluso de entrar.Chocolate.Vainilla.Mantequilla caliente.Lorena empujó la puerta.Nada más entrar, la envolvió una deliciosa mezcla de aromas y sonidos. Cacerolas chocando, batidoras industriales girando con un zumbido constante y bandejas ocupando casi todas las encimeras.La cocina parecía un pequeño caos perfectamente organizado.Dos personas discutían animadamente cerca de un horno industrial.Una mujer de unos cincuenta años, con el pelo recogido en un moño firme, sostenía una espátula como si fuera un arma mientras hablaba rápidamente.—Ya te lo he dicho, Paulo, si quemas otra bandeja de galleta
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