Lorena bajó las escaleras del metro con pasos lentos.
El eco de sus zapatos en el concreto sonaba demasiado alto a esa hora de la noche.
Pasó por el torniquete y caminó hasta el andén.
El metro no tardaría más de unos minutos.
A pesar de los años viviendo en esa ciudad, Lorena había olvidado los ritmos silenciosos de ella. Después de tanto tiempo viviendo en un mundo aparte —un mundo donde nada realmente importaba más que las reglas de otra persona—, las pequeñas rutinas de la vida común se hab