Lorena observaba la ciudad por la ventanilla del coche mientras las luces nocturnas se deslizaban como manchas doradas en el cristal.
El silencio dentro del vehículo era confortable, casi acogedor.
El chófer de Dante conducía con tranquilidad por las calles iluminadas, manteniendo una distancia respetuosa que recordaba mucho al servicio de un coche por aplicación.
En realidad, esa había sido exactamente la intención.
Dante había insistido en llevarla personalmente.
Ella recordaba perfectamente