La mente de Douglas de repente fue un caos. Se había imaginado de todo menos esta sorpresa, y muchas emociones colisionaban en su pecho. Sobre todo, esa chispa de felicidad al pensar en dos hermosas bebés de Lilianne y suyas. —¿Encontraste algún registro de que ella fuese al ginecólogo en Australia? Le preguntó a Hermes, quien negó. —Busqué enseguida la información, pero, como ocurría con todos los registros de Lilianne, aparecían datos demasiado confusos y manipulados… —Por supuesto. Ya ves con toda la ayuda con la que contó —dijo apretando los dientes, sintiéndose de nuevo como un idiota. Él creía que Lilianne no podía dar un paso adelante sin él, y ella no solo conspiró para marcharse delante de sus narices, sino que fingió exitosamente su muerte y ocultó su posible embarazo. —¿Por qué no hay fotografías de las niñas? —Ella mantiene su vida muy reservada, señor. Pero van a un colegio privado en Manhattan… —Busca la forma de entrar en ese colegio como inversionista. No sé,
Ler mais