—¡Desvergonzado! ¡Guárdate esa cosa!
Lilianne le gritó, pero sus ojos se demoraron más de lo necesario en esa carne de primera que ya se estaba poniendo de pie.
Maldita sea, sus recuerdos no le hacían justicia al tamaño.
Se giró, lista para escapar y discutir desde una distancia segura, pero fue atrapada en un abrazo posesivo.
¡BAM!
La puerta del compartimento se cerró de golpe cuando sus pechos quedaron contra la madera y, detrás del suyo, empujaba el cuerpo más alto de Douglas.
—Suéltame, bru