Lilianne no supo cómo actuar por un momento y, al ver la escena de sus hijas llorando en los brazos de su padre, le tembló el corazón.¿Acaso había sido tan egoísta, pensando solo en sus sentimientos, que les había negado esa felicidad a ellas?Nunca entendió la obsesión de las gemelas por encontrar a su padre, pero, al verlas en los brazos de Douglas y a un hombre tan rudo como él a punto de llorar, comprendió que había conexiones inquebrantables.—Yo…—¡Momi, ya regresó papito! —gritó Sienna, casi ahorcando a Douglas, mientras Sophie lo miraba como si se hubiera enamorado a primera vista.Douglas tampoco decía nada y solo observaba a Lilianne con una mezcla de felicidad, reproche y algo más que no supo definir.—Chicas, creo que deberían…Sus palabras se quedaron a medias al darse cuenta de que había espectadores en la pantalla de la laptop.Se sintió más nerviosa aún frente a los extraños y entonces Douglas hizo una jugada que no esperaba.—Señores McCall —dijo recomponiéndose y gi
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