El viaje fue completamente furtivo. Esa misma noche Lia preparó una pequeña maleta, tomó únicamente lo indispensable y salió de la mansión acompañada por sus dos guardaespaldas de mayor confianza. Nadie la vio marcharse, nadie notó su ausencia. Dejó la puerta de su habitación cerrada exactamente igual que siempre y abandonó Italia bajo el amparo de la oscuridad.Después de varias horas de vuelo, el avión privado aterrizó en América.Una cálida mañana la recibió apenas descendió de la aeronave. Sus hombres ya habían arrendado un vehículo y Don Matteo, previendo cualquier inconveniente, había reservado una de las mejores suites del Hotel Season para ella.Todo estaba perfectamente organizado, sin embargo, Lia apenas dejó la maleta en la habitación, no podía esperar más, necesitaba verlo, necesitaba abrazarlo, necesitaba decirle que lo amaba y que jamás había querido alejarse de él.Salió de la suite casi corriendo. Recorrió el enorme vestíbulo, preguntó discretamente por algunos salones
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