Gio y Elian entraron rápidamente al salón. Otro estruendo se escuchó. Gio buscó con la mirada a Lia, que estaba al lado de la mesa de bocadillos, pálida, junto a su padre.—Amore... —susurró Gio.—¡Lia! —dijo Elian con más fuerza.Los ojos de Lia se posaron en los dos hombres y, levantando ligeramente el vestido para poder correr, salió de inmediato hacia ellos. Elian dio un paso adelante, convencido de que iría hacia él, pero Lia se lanzó de lleno a los brazos de Gio. Él la abrazó con fuerza, protegiéndola contra su pecho.—Shh... shh... estoy aquí, Luciérnaga. Tranquila, amore mio.Lia temblaba entre sus brazos.—Ven, vamos a un lugar más privado.—Tengo una habitación arriba, puedes llevarla —dijo el anfitrión.Un nuevo estruendo hizo vibrar toda la mansión, Lia volvió a estremecerse. Gio la miró y besó sus labios suave, lento, tratando de calmarla, Lia respondió el beso aferrándose a él, todo aquello frente a la mirada atónita de Elian.—Ya, sht, tranquila mi luciérnaga, no te dej
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