Los días comenzaron a transcurrir uno tras otro y, aunque la rutina de la mansión Bellamonte continuaba funcionando con la precisión de un reloj suizo, algo había cambiado por completo.Se notaba la ausencia de Giorgio, desde aquella discusión en la habitación, él había cumplido exactamente lo que prometió, dejó de intentar acercarse, ya no desayunaban juntos, tampoco almorzaban ni cenaban en la misma mesa.Cuando Lia despertaba cada mañana, él ya había salido hacia la empresa o a resolver asuntos de la organización. Por las noches regresaba tarde, saludaba a los empleados y se encerraba directamente en el estudio, donde permanecía trabajando hasta altas horas de la madrugada.Nunca volvió a entrar en su habitación, nunca volvió a preguntarle cómo se sentía, nunca volvió a pelarle un mango ni a obligarla a beber un batido.Aunque todas las comidas seguían llegando puntualmente, junto con sus vitaminas y medicamentos, y ella sabía perfectamente quién daba cada una de aquellas órdenes.
Leer más