El grito de Sebastian todavía parecía permanecer suspendido en el aire cuando el hombre tomó a Lily entre sus brazos con una desesperación que jamás había permitido que nadie presenciara. La niña había quedado inmóvil después de la caída y, al levantarla, dejó escapar un pequeño gemido que destrozó por completo la expresión de su padre. Sebastian sintió que el corazón se le detenía mientras miraba el rostro pálido de su hija, intentando mantener la calma aunque sus manos temblaban ligeramente.—Lily, cariño, mírame —suplicó mientras la sostenía contra su pecho—. Papá está aquí, mi amor, abre los ojos y mírame, por favor.La niña abrió los ojos apenas unos segundos y comenzó a llorar. El sonido de aquel llanto consiguió devolverle algo de esperanza a Sebastian, aunque la desesperación continuaba apoderándose de él al escucharla quejarse de dolor. Lily intentó acomodarse entre sus brazos, pero inmediatamente soltó un gemido más fuerte y se aferró a la chaqueta de su padre.—Me duele, pa
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