Valeria permaneció frente a Elena sin apartar la mirada, aunque por primera vez desde que había llegado a la agencia aquella seguridad arrogante comenzaba a resquebrajarse, porque detrás de su orgullo existía una herida que no podía esconder cuando hablaba de Damian. Sus dedos se cerraron lentamente alrededor del bolso que sostenía mientras intentaba controlar la emoción que amenazaba con aparecer en sus ojos, pero aquella vez ya no parecía interesada en mantener una imagen perfecta frente a Elena. —No puedes decirme que no lo has notado —continuó Valeria con la voz ligeramente quebrada, aunque todavía conservaba aquella elegancia que la caracterizaba—. Damian te mira de una manera diferente, Elena. No mira así a las demás mujeres, y mucho menos a mí. Cuando hablas, él escucha; cuando estás incómoda, lo nota antes que nadie; cuando alguien intenta atacarte, inmediatamente se coloca a tu lado. Incluso cuando no dices absolutamente nada, sus ojos terminan buscándote. Elena permaneció
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