—¡¿Qué has dicho?!Joaquín se incorporó de golpe, como si aquellas palabras hubieran disipado de inmediato el efecto del alcohol.El sobresalto fue tan brusco que la almohada cayó al suelo y el corazón comenzó a latirle con fuerza.Durante unos segundos creyó haber escuchado mal.—¿Qué acabas de decir? —preguntó con la voz ronca, incapaz de ocultar la incredulidad—. ¿Cuándo ocurrió? ¿Cómo pasó?Tom permanecía de pie frente a la cama, con el semblante sombrío.—Fue ayer por la tarde, señor. Sufrió un infarto. Los médicos intentaron reanimarlo, pero no pudieron hacer nada.Joaquín sintió que el aire abandonaba sus pulmones.Se quedó completamente inmóvil.El dolor de cabeza provocado por la resaca dejó de importarle. Su mente solo podía imaginar una escena.Miranda.Ella debía estar destrozada.Conocía el vínculo complicado que había tenido con su padre, pero también sabía que, pese a todas las heridas y decepciones, nunca había dejado de quererlo.Ella era incapaz de abandonar a quienes
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