Miranda cerró la puerta de la suite con más fuerza de la necesaria.
El sonido seco resonó por toda la habitación, pero no fue suficiente para silenciar el torbellino que llevaba dentro.
Permaneció inmóvil durante unos segundos, con la espalda apoyada contra la puerta.
Respiraba con dificultad, como si el aire se hubiera vuelto demasiado pesado para sus pulmones.
Aquella imagen seguía clavada en su mente.
Joaquín, semidesnudo.
Daniela a pocos centímetros de él.
Cerró los ojos con fuerza.
—Eres un