Lejos de allí, en un hotel, Daniela soltó una carcajada despreocupada mientras dejaba el teléfono sobre la mesa de cristal.
La llamada había terminado.
No había una sola pizca de tristeza en su rostro.
Al contrario.
Sus labios se curvaron en una sonrisa de absoluta satisfacción.
A su lado, un hombre mucho más joven que ella descansaba recostado sobre la cama, observándola con curiosidad mientras ella volvía a llenar dos copas de vino.
—¿Todo bien? —preguntó él con indiferencia.
Daniela tomó un s