La tranquilidad del exclusivo spa se rompió en cuestión de segundos.
Joaquín abrió los ojos de golpe al descubrir quién estaba frente a él. La sorpresa dio paso al enfado casi de inmediato.
Sin pensarlo dos veces, se incorporó bruscamente de la camilla.
Tomó la toalla blanca que cubría parcialmente su cuerpo y la sujetó con fuerza alrededor de la cintura antes de retroceder varios pasos.
Su expresión era una mezcla de incredulidad y fastidio.
—¿Qué demonios haces aquí? —preguntó con la mandíbula