Capítulo 53. Una trampa en el parque.
—¿Qué haces aquí, Rodrigo? —soltó Emma, poniéndose de pie de inmediato, abrazándose a sí misma por el frío y poniéndose a la defensiva—. Mejor vete. No quiero problemas y mucho menos contigo.—No me voy a ir a ningún lado, Emma —respondió él, dando un paso al frente con una expresión suave, casi comprensiva—. Te conozco tan bien que sabía que vendrías aquí. Siempre que el mundo se te venía encima y querías llorar, corrías a este lago. Es nuestro lugar.—Eso era antes —lo cortó ella, con voz dura, sintiendo una punzada de rabia—. El mundo de antes ya no existe. Ahora estoy casada, voy a ser madre y mi vida es otra. Y tú no deberías estar aquí. Si alguien nos ve, solo empeorarás las cosas.—¿Si alguien nos ve, qué? ¿Qué más pueden decir que no hayan dicho ya esta mañana en todos los canales? —replicó Rodrigo, acortando la distancia, ignorando sus advertencias—. Vi las noticias, Emma. Vi cómo te están destrozando. Ese imbécil de Nicolás Altamirano te compró, te expuso y ahora te deja sola
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