Capítulo 47. Destinos cruzados.
La oficina principal de Emma en la Corporación Altamirano tenía una vista envidiable del corazón financiero de la ciudad, pero esa mañana, la atención estaba centrada únicamente en el elegante sofá donde Samantha daba saltitos de emoción.—¡Felicidades, amiga! ¡No me lo puedo creer, voy a ser tía por partida doble! —chilló Samantha, lanzándose a abrazar a Emma con un entusiasmo contagioso.Emma soltó una carcajada, devolviéndole el apretón con fuerza.—Estoy tan contenta, Sam. Te juro que todo resultó ser muchísimo mejor de lo que esperaba. Todavía estoy asimilando la noticia, pero mi corazón no cabe en el pecho de tanta felicidad.—Claro que sí, cariño. Si es que te ganaste la lotería —Samantha se separó, guiñándole un ojo—. Conquistaste al papacito de Nicolás Altamirano, que, con todo el respeto que te mereces, está buenísimo. Ese hombre fue tallado por los mismísimos dioses.Emma rodó los ojos, divertida, sintiendo que un ligero rubor le subía a las mejillas.—Estás loca, Samantha.
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