Capítulo 67. Venciendo a sus demonios.
Al ver a Rodrigo de pie frente a ellos, la atmósfera de la habitación cambió drásticamente. El rostro de Nicolás, que segundos antes derrochaba vulnerabilidad, se transformó.Ipso facto, sin despedirse, sin pronunciar una sola sílaba y sin dignarse a mirarlos a ninguno de los dos, se dio la vuelta y salió por la puerta.Emma se quedó con el corazón latiendo desbocado, sumida en un mar de nervios y revés. Habían estado tan cerca de reencontrarse.Rodrigo, ajeno a la tormenta que acababa de interrumpir, avanzó hacia la camilla con una sonrisa confiada y extendió los brazos para abrazarla.Pero Emma, tensa, giró el rostro y lo esquivó abiertamente.—Qué inoportuno eres —susurró ella, cerrando los ojos con pesadez.—¿Perdón? —preguntó él, bajando los brazos, claramente ofendido mientras apretaba el tallo de las rosas blancas.—Rodrigo, es que…—No puedo creerlo, Emma —la interrumpió, alzando la voz con indignación—. Ese tipo te abandonó estando embarazada, te dejó sola todo este tiempo, y
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