-KEstaba tumbada en la cama con las piernas bien abiertas, los dedos todavía resbaladizos entre mis muslos. Mi corazón no dejaba de acelerarse. Aunque me había corrido dos veces, seguía pensando en él. Mi hermanastro. El que me quitó la virginidad en mi cumpleaños número 20 como si fuera nada.Entró tan rápido, gruñendo como un animal, y se terminó en menos de dos minutos. Sin besos, ni caricias, ni cariño. Cuando se apartó de mí se rio y dijo: «Fue… aceptable, ¿no? No todas las chicas hacen un drama con su primera vez».Odio lo mojada que me dejó ese recuerdo. Debería haber sentido rabia, usada, insignificante. En cambio mi coño seguía palpitando, rogando por más. Por algo real. Por algo que me rompiera y me recompusiera.Por eso empecé a buscar en internet muy tarde por la noche. BDSM. Dominación. Sumisión. Solo con leer esas palabras se me pusieron duros los pezones. Leí historias de chicas atadas, nalgadas hasta que lloraban, folladas tan profundo que gritaban.Hombres que sabían
Leer más