En la biblioteca, Estefanía se encontraba repasando unos apuntes para su próxima clase cuando la pantalla de su celular se encendió sobre la mesa de madera.Era Eleonor.—Cariño, ¿tienes tiempo? —saludó su suegra con ese tonito dulce que le recordaba a su propia madre—. ¿Puedes venir a visitarme esta tarde?Al inicio de su matrimonio, ella había sentido el claro rechazo por parte de los padres de Cristian.Luego de la lamentable situación de Gonzalo, la actitud de Eleonor cambió por completo.Poco después de lo sucedido, la mujer mayor le dijo unas palabras que aún llevaba grabadas en su mente:—Sé que Cristian parece ser de hierro, pero no lo es. Muchas veces piensa que es invencible, aunque yo lo he visto derrumbarse antes, Estefanía. Por favor, cuídalo mucho. Ahora te tiene a ti; sé que lo quieres y que vas a estar a su lado, y eso a mí me deja tranquila.Ella, como la chica tonta y perdidamente enamorada de entonces, le dijo sin dudarlo:—No se preocupe, señora Eleonor —prometió c
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