Con lentitud, Estefanía comenzó a desvestirse. Primero quiso quitarse la blusa. Pero Cristian fue incapaz de esperar. Dejó caer la toalla que lo cubría, revelando un miembro grande y venoso, completamente erecto que apuntaba hacia ella como si fuera un arma letal. El hombre dio varios pasos en su dirección y la tomó por la nuca, besándola con urgencia. Su boca la devoraba, mientras sus manos hábiles terminaban la tarea de arrancarle la prenda. Su pantalón de dormir fue lo único que seguía puesto, pero él no se molestó en quitárselo del todo. Estaba más concentrado en sus senos, apretándolos con fuerza, pellizcando sus pezones hasta que soltó un gemido ahogado contra los labios de él. Estefanía intentó sujetar su miembro con sus manos, para poder sentir así la forma en que palpitaba y lo caliente que estaba entre sus dedos. Cristian gruñó ante su toque, excitado, y la lanzó sobre la cama sin delicadeza. —¿Cuándo es tu próxima inyección anticonceptiva? —preguntó, toda
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