—Oh, Eleonor... perdón por avisarte a último momento —murmuró Graciela con la voz pequeña, temblorosa, mordiéndose apenas el labio inferior—. No pensé que ya tenías pensada otra visita... Por favor, dime que no te causé problemas.Fue recién entonces cuando Eleonor despegó la mirada de la puerta abierta, donde la figura de Estefanía ya se había disipado por completo en la distancia.—Supongo que sí me causaste problemas —respondió la mujer mayor, con un semblante imperturbable.Graciela abrió ligeramente los ojos, llevando de inmediato una mano hacia su pecho.—Oh, no... Lo siento tanto, de verdad —balbuceó, dando un pequeño paso hacia atrás y bajando la mirada, al borde de las lágrimas—. No pensé que esto sucedería, Eleonor. Jamás habría venido de saber que ella estaría aquí... Por favor, discúlpame. Si prefieres que me vaya ahora mismo, lo entenderé. Lo último que quería era incomodarte o arruinar tu mañana.Eleonor no cambió la expresión, pero tras un suspiro de resignación, dijo:
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