—Lo sé porque, en realidad, me preocupé muchísimo al enterarme de que la policía emitió las órdenes de captura —explicó, bajando el tono de voz—. Al saber que tus hermanos ya podrían estar al tanto de la situación y que la mentira se estaba cayendo a pedazos, creí que podrían ir tras de ti. Sabía que podías estar en grave peligro. Así que le pedí a mi investigador que rastreara tu teléfono. Me dijo que, en efecto, ibas en un vuelo directo a Nueva York. Aquella explicación, tan lógica y acertada, pero al mismo tiempo sorprendente, hizo que un nudo se formara en la garganta de Cassandra. Le dejó ver con absoluta claridad que, a pesar de todo el dolor y las duras palabras del pasado, aquel hombre se preocupaba genuinamente por ella. Su protección seguía intacta. —Estoy bien —le aseguró ella con voz suave—. Ambos lo estamos, Luca y yo. Él está muy agotado por el viaje, descansa ahora mismo en una cama. Pero... en efecto, mis hermanos iban por mí, Sebastian. Enviaron a sus hombres al aer
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