AURORA—Tu cuerpo humano, por sí solo, no sabe cómo producir la enorme cantidad de nutrientes, proteínas y minerales necesarios para calcificar una estructura ósea y lupina de ese calibre en tan poco tiempo; por eso el embarazo te consumía, por eso te drenaba la vida desde adentro —explica, mirándome con profunda fascinación profesional—. Al ingerir el plasma de Sebasten sin diluir, le estás dando al embrión exactamente lo que pide desde su propia biología. Y él, al sentirse satisfecho y nutrido, deja de devorarte por dentro y comienza a protegerte. Es un pacto de supervivencia entre el hijo y la madre.—¿Y qué pasará más adelante? —pregunto, mirando el fondo del vaso—. Apenas voy a entrar al segundo mes. Si un accidente casi lo destruye, ¿cómo voy a soportar el crecimiento de la criatura?Bellingham se acerca y me pone una mano profesional en el hombro, suavizando su tono clínico.—Tu útero se está blindando. Cada dosis de su sangre refuerza tus paredes orgánicas, adaptándolas para s
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