AURORAMe pongo de pie de golpe, interponiéndome entre los dos.—¿Cómo que a solas? —le reclamo al médico—. Yo soy la que está embarazada. ¿Sucede algo malo?—Señorita, por favor, es solo un tecnicismo... —trata de calmarme el doctor Bellingham.—No me salgas con evasivas. Yo quiero saber qué es lo que pasa —exijo, girándome hacia el dueño de la casa—. ¿Por qué tienes que hablar con él a solas, Sebasten? ¿Qué me están ocultando?—Aurora, quédate aquí. Es un asunto médico de hombres —me dice él, con total frialdad.—¡Es mi cuerpo y es mi salud! —le grito, dando un paso hacia él—. Si algo anda mal con el bebé, tengo derecho a saberlo.—No pasa nada malo, simplemente tengo que discutir los requerimientos de las vitaminas —miente Sebasten sin pestañear.—¡No te creo nada! Doctor, dígame la verdad ahora mismo.—Señorita Aurora, el jefe tiene razón, quédese tranquila —interviene el médico, retrocediendo hacia la salida.—¡Son unos malditos mentirosos los dos! ¡De aquí no se mueve nadie hast
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