SEBASTENSé que me escucha. Sé que el eco de su nombre en este espacio cerrado le va a acelerar el pulso. Cierro los ojos por un segundo, imaginando su piel blanca contra la mía, su boca hinchada por el beso del día anterior y la forma en que su cuerpo se debilita cuando la someto. Incremento el ritmo, apretando los dientes mientras el calor me sube por las venas, quemándome por dentro. No sé exactamente por qué lo做, no hay una lógica humana para esto; es simplemente el instinto de mi lobo marcando el territorio, reclamándola en la distancia, obligándola a presenciar la necesidad bestial que me provoca sin que pueda tocarme.—Aurora —vuelvo a gruñir, sintiendo la vibración en el pecho, prolongando el acto deliberadamente para que se le grabe en la mente que, incluso en mi intimidad, ella es lo único que me domina el cerebro.Doy un par de tirones rápidos, salvajes, y llego al clímax con un gruñido sordo que se pierde entre el estrépito del agua fría. El semen se diluye en el cemento h
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