AURORAEl pequeño dio su primera succión firme, soltando un pequeño gruñido de satisfacción que me llegó directo al corazón. Cerró los ojos, concentrado en alimentarse, mientras sus manos continuaban buscando mi piel, presionando suavemente mi pecho con un movimiento rítmico, como si estuviera marcando su propio territorio.Las lágrimas volvieron a mis ojos, pero esta vez eran puras, cálidas, nacidas del alivio de saber que podía alimentarlo, que mi cuerpo finalmente le estaba dando la bienvenida a la vida de la forma en que merecía.—Eso es, mi amor... —le susurré, inclinándome para besarle la frente húmeda, sintiendo el aroma dulce de su piel mezclado con el agua del manantial—. Estás comiendo. Tu mami está aquí contigo y no te va a faltar nada.El bebé abrió levemente un ojo, asegurándose de que seguía ahí, y luego continuó succionando con tranquilidad, completamente relajado en el agua tibia. Me quedé contemplándolo, observando la curvatura de sus pestañas, la forma de sus labios,
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