Adrián cerró los ojos y apoyó la cabeza en el respaldo del sofá. Y entonces, sin que pudiera evitarlo, su mente regresó a la sala de reuniones. Pero esta vez, no vio a Julián sentado junto a Elena.Se vio a sí mismo.Se imaginó siendo él quien entrelazaba sus dedos con los de ella bajo la mesa. Él quien recibía esas miradas cómplices. Él quien la hacía sonreír con solo una palabra.La fantasía tomó vida propia, deslizándose por su conciencia como un veneno dulce.Se imaginó a Elena en su apartamento, no en su pantalla, sino ahí mismo, sentada en su sofá, con esa misma blusa de seda que ahora imaginaba desabrochando lentamente. Se imaginó sus manos reemplazando las de Julián, tocando su piel, aprendiendo cada curva, cada secreto de su cuerpo.Sin darse cuenta, su mano descendió hasta su cintura.Los dedos temblorosos encontraron el botón de su pantalón y lo desabrocharon con una lentitud que contrastaba con la urgencia que sentía por dentro. Se imaginó a Elena mirándolo, no con la amis
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