Adrián no recordaba haber conducido de regreso a su apartamento.
Su mente estaba atrapada en un bucle infinito, reproduciendo una y otra vez la escena de la sala de reuniones. La forma en que Julián miraba a Elena, como si ella fuera la única persona en el mundo. La manera en que sus dedos se entrelazaban bajo la mesa, escondiendo su conexión de miradas indiscretas. La sonrisa de ella, esa sonrisa que iluminaba todo el espacio, que transformaba su rostro en algo etéreo, algo que Adrián deseaba