—Sabes — digo, con la voz más suave — no voy a hacer nada con tu padre. Por ahora. Pero eso es por la amistad que tienes con Alice.—Gracias... — dice Fernanda, con la voz emocionada. — Pero, cambiando de tema, vas a necesitar a alguien para ayudar a Alice a cuidar la casa, ¿no?—Estoy pensando — respondo, con la voz pensativa.—Ah, deja eso — dice, con la voz animada. — La casa es enorme, y aún está Bruninho. Alice no va a poder con todo.—Está bien — acepto, con la voz titubeante. — ¿A quién sugieres? ¿A ti?—Yo, no — responde, con la voz firme. — Pero Jéssica, sí.—Es Jéssica — digo, con una sonrisa. — Ella es tu versión mejorada. Lo que ella tiene de calidad, tú tienes de defecto.—¿Te estás poniendo gracioso, es? — pregunta, con la voz divertida. — Entonces, ¿qué te parece la idea?—Está bien — acepto, con la voz firme. — Dile que empiece el lunes.—Muchas gracias, troglodita — dice, con la voz animada.Ernandes se acerca a nosotros.—Vamos, Davi — dice, con la voz firme. — Vamos
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