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Finalizo el beso con un mordisco suave en sus labios, sintiendo su cuerpo relajarse contra el mío. Está tan frágil, tan vulnerable, y eso me hace querer protegerla aún más.
—El lunes, Jéssica empieza a trabajar aquí para ayudarte — digo, con la voz suave. — ¿Está bien?
—¿En serio? — Sus ojos se iluminan, una chispa de alegría que no veía en días. — Me alegra saberlo.
—Se nota — respondo, con una sonrisa. — Ahora, voy a subir a darme una ducha. En un rato bajo, ¿está bien?
—Está bien — respo