El aire en la habitación se volvió pesado. Jéssica retiró la mano lentamente, la sonrisa desapareciendo para dar paso a una mirada llena de un dolor antiguo y dolorosamente familiar.
—Sé que no quieres que te toquen — dijo, la voz bajando dos tonos, cargada de una empatía escalofriante. — Sé exactamente cómo es esa sensación de asco que consume la piel. Pero vas a sobrevivir a esto, Alice. Créeme... yo sobreviví.
Mi radar se disparó inmediatamente. Me puse erecta en la cama, la respiración atas