—Ah, voy a llevar a Alice a dar un paseo por la playa — dice mi madre, con la voz animada. — Para que se distraiga.
—No, mamá — digo, con la voz firme. — Ella no va.
—Sí, va — insiste, con la voz determinada.
—No va — repito, con la voz más firme. — No es seguro para ella. No quiero que vaya.
—Mi hijo... — comienza a argumentar.
—No temas, Celina — la interrumpe mi padre, con la voz calmada. — Él tiene razón. En este momento, no es seguro que salgan solas. Ni tú, ni mucho menos ella.
—Pero... —