Cojo un tenedor que posee dos extremos opuestos bastante afilados, lo prendo en su cuello — esto hace que no pueda bajar la cabeza, o, de lo contrario, el tenedor perforará su pecho y su garganta. Le salen lágrimas de los ojos. Cojo dos estacas, la pongo en cuatro patas y coloco una en su ano y otra en su vagina, desgarrándola toda. Y, para mejorar, pongo brasa caliente en su boca.
Entonces, atravieso las estacas en ella. A pesar de todo esto, la desgraciada no murió. Así me gusta: lo sintió to