—¡Guau! — exclama Fernanda, con la voz divertida. — ¡Viva la mata amazónica!
—¡Eso no, por favor! — implora Flávia, con la voz desesperada.
—No entendí — digo, con la voz fría. — ¿No eras tú la que estaba a favor de la violación y hasta decías que se goza igual?
—Esa oreja está muy grande, ¿no les parece? — comenta Ernandes, con la voz calculadora, cogiendo un cuchillo.
—Creo que sí — dice Carlos, con una sonrisa. — Hay que hacerle una plástica, jajaja.
—Suerte que mi padre estudió cirugía plás