—No hace falta. Hoy me voy con un amigo —respondo con aire de misterio.—Amigo, ya, ya... —se burla él. —Adiós, loca.—¡Adiós, guapo! ¡Y adiós, Mayara! ¡Encantada de conocerte!—Adiós, Fernanda. El placer es mío —responde ella, mucho más relajada.Se van y yo entro en el hotel, dirigiéndome directamente al vestuario de los empleados. Me cambio a la ropa de servicio y encuentro al equipo de limpieza organizando los carritos.—¡Buenos días a quien ha despertado radiante! —anuncio, abriendo los brazos.—Ih, ahí viene la agüita de salchicha llegando temprano —suelta Regina desde el fondo del pasillo, ya con el trapo en la mano.—¿Qué pasa, hija mía? —respondo con las manos en la cintura. —¿Ya estás con el complejo activado a esta hora de la mañana? ¡Apenas ha salido el sol!—¿Complejo de ti? ¡Déjame, culito de calabaza! ¡Mira tu tamaño, agüita de salchicha! —exclama ella, riendo.—Regina, mi amor, déjame decirte una verdad dolorosa —me acerco a ella, susurrando en el tono más provocador q
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