DaviVeinte días. Veinte días de la más pura, desgraciada y torturante ansiedad.Desde la tarde en que dejé mis muestras de sangre en aquel laboratorio particular, mi cabeza se convirtió en un caldero en erupción. Fueron veinte noches mal dormidas, dando vueltas en la cama, mirando al techo de la habitación, escuchando la respiración serena de Alice y preguntándome si mi pasado había vuelto finalmente para cobrar la cuenta final. Hoy, sin embargo, el reloj de la impaciencia se ha detenido. El laudo definitivo está listo.En este preciso momento, estoy con el todoterreno estacionado en la plaza frente al edificio acristalado del laboratorio. El motor sigue encendido, ronroneando bajo, mientras mis dedos tamborilean en el volante en un ritmo frenético. Encaro la fachada de vidrio templado y siento una mezcla indigesta de adrenalina, pavor y una determinación brutal. Sea lo que sea lo que esté impreso dentro de ese sobre, mi vida cambia hoy. De una manera u otra.Apago el motor, tiro del
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