—Pero oye, deberías sentirte honrada —suelta Jéssica desde la sala, riendo. —Ha sido la primera mujer que ha traído aquí desde el divorcio. Porque Fernanda traumatizó al pobre.
—¿Qué puedo hacer si la competencia es débil y soy demasiado buena para que me olviden? —me luzco, echándome el pelo por encima del hombro.
—Vámonos ya, Mayara —dice Marcos, cogiendo la mano de la chica antes de que el circo se descontrole más. —Voy a dejarte en casa antes de que esta loca te dé una lección que no necesi